Es media tarde, pero ya ha anochecido. Hoy, como todos los días, llego a casa con prisas, muchas prisas, de la mano de mamá. Hay que hacer las tareas del hogar, y aunque se intenta, las horas del día son las que son. Me dice que tengo que hacer los deberes, que los haga en la cocina mientras ella prepara la cena, así puedo preguntarle dudas. Saco los cuadernos de la mochila. Mamá prepara la cena y de reojo la veo con un paquete para preparar un postre, calienta la leche, hago una multiplicación sumando con los dedos, abre el paquetes con las tijeras, ahora toca dividir, echa el contenido en el cazo y lo remueve. Cierro los ojos, huele a chocolate. Disfruto. Abro los ojos, he de buscar sinónimos, pregunto a mamá y me dice unos cuantos mientras pone la mezcla en el molde y lo lleva a la nevera. "¿has terminado?" pregunta. Asiento con la cabeza, me sonríe, revisa mis deberes, me da besos en la cabeza "venga, bicho, a la ducha, que en un rato viene papá".
Y eso es lo que recordé al probar éste postre, ése sabor suave a chocolate, esa textura mezcla de mousse y natillas.
Ingredientes
2 caquis persimon maduros
2 cucharadas de chocolate en polvo puro.
Preparación
Pelar los caquis y ponerlos en el vaso de la batidora, añadir el cacao puro (si se quiere más dulce añadir dátiles)
Batir todo hasta que no queden grumos
Poner en el molde, llevar a la nevera varias horas (mínimo 2).
Manolo y Toni miran el reloj por duodécima vez en los últimos cinco minutos, no pasan los segundos. Empezaron a trabajar en la obra sobre las 6 de la mañana, son casi las 10, hora de "ferse un almorssaret".
Cagüento no llega la hora del "Brunch"- maldice Toni, al ver la cara de circunstancias de Manolo sonríe- ¡Che! ¿Qué no sabes que ahora al almuerzo se le llama Brunch?
A mí no me vengas con tonterías, yo quiero un buen bocata.
¡Va! Termina éso y vamos al bar.
No les lleva ni tres minutos andando llegar a la taberna, abren la puerta y notan el calor en la cara, no hay calefacción, hay mucha gente, trabajadores, hornos funcionando, sartenes al fuego... Se acercan a la barra, en ella están las tortillas de siempre, pero les llama la atención unas albóndigas en salsa naranja, no la típica roja.
-¡Ye Juan! ¿Qué invento has hecho ahora?- Pregunta Manolo
- Son unas albóndigas con salsa de zanahorias.. Toni sonríe- Ponme un platito. Manolo no sabe qué hacer, pero al ver la cara de ilusión de Juan elige - Si es que no puede ser, ponme un bocata.
Se sientan en la mesa, se sirven el vino con gaseosa, picotean unos cacahuetes y tras el primer bocado del plato nuevo dicen a la vez: - Pues no cocina nada mal el Juan éste - ríen.
Receta para 2: Para las albóndigas :
200 Gramos de tofu ahumado bien prensado
Unas 4 cucharadas de harina de avena u otra
1 cucharadita de Pimentón dulce
Una pizca de sal
Una pizca de pimienta
Para la salsa:
2 zanahorias
1 cebolla
2 dientes de ajo
1 vaso de caldo de verduras
1 hoja de laurel
Guisantes
Sal
Preparación:
Poner en un procesador el tofu, la avena, sal, pimienta y pimentón. Triturar a golpes, no queremos que se haga un puré.
Dejar reposar mientras hacemos la salsa, éso hará que la masa se haga más firme.
En una sartén caliente echar aceite de oliva, añadir las verduras picadas con la hoja de laurel. Remover unos diez minutos hasta pochar
Echar las verduras en el vaso de la batidora con el caldo de verduras. Triturar, ha de quedar como un puré. Reservar.
Volvernos a la masa de albóndigas, hacemos pequeñas bolas y las enharinamos, en mi caso puse un poco de harina de avena, pero puede ser otra.
Freímos en aceite de oliva y sacamos a un plato con papel de cocina para quitar el exceso de aceite.
Echamos la salsa en la sartén, las albóndigas y los guisantes, dejamos a fuego medio hasta que reduzca la salsa y ¡listo!
Hoy apuesto por una receta tradicional que se ha hecho universal. Es sencilla, súper económica y muy nutritiva. He visto varias recetas de Falafel y he seguido la más tradicional de todas, si quieres no comer frituras, puedes usar el horno.
Ingredientes: (4 Personas)
Medio kilo de garbanzos (dejar en remojo la noche anterior)
1 cebolla picada
1/2 taza de perejil fresco
1/2 taza de cilantro fresco
3 dientes de ajo, picados
2 cucharaditas de comino molido
1 cucharada de bicarbonato (aconsejado) o levadura en polvo
1 cucharadita de sal
1 pizca de pimienta negra
Aceite para freír
Preparación:
Lavar con agua y escurrir los garbanzos dejados en remojo la noche anterior (si tenéis maña y paciencia al frotarlos desprenden la piel, con lo que conseguimos un falafel más digestivo)
Triturar directamente los garbanzos «sin cocer» con la batidora junto con la cebolla, los ajos, el perejil, el cilantro fresco y una taza de agua, hasta conseguir una textura espesa.
Añadir la sal, el comino molido, la pimienta negra, la cayena (opcional) , el bicarbonato y mezclar un poco. Dejar reposar la mezcla durante 30 minutos
Formar con la mezcla pequeñas bolas o mini hamburguesas, del tamaño de una pelota de ping pong. Aplasta un poco.
Freír en abundante aceite de girasol a fuego medio/fuerte hasta que queden dorados (5-7 minutos). Escurrir el exceso de aceite en un plato con papel de cocina o sobre una rejilla.
Aquí va una buena receta para el tupper llena de proteínas vegetales, sale un par de raciones grandes, y os aconsejo que la preparéis de un día para el otro pues los sabpores se concentran y está más delicioso todavía. Si no tenéis tempeh, se puede hacer con tofu, seitán, legumbres, etc. Dejar volar la imaginación. 7 Con esta receta sale un escabeche blanco, si queréis cambiar añadir una cuchara de pimentón dulce o picante, le da el típico tono rojizo tan delicioso.
Ingredientes
1 paquete de tempeh (400gr)
2 cebollas en medias lunas
2 zanahorias en medias lunas
2 o 3 cucharadas soperas de miso
2 hojas de laurel
1/4 vaso de aceite de oliva
1/2 vaso de vinagre de manzana
Preparación
Pones un poco de aceite en la cazuela, doras la cebolla con un poco de sal.
Añades la zanahoria y el tempeh cortado a cuadrados.
Echas el resto del aceite, el vinagre, las hojas de laurel y medio vaso de agua.
Dejas cocer a fuego medio unos 40 minutos (ves dando vueltas de vez en cuando)
El donburi (丼,? literalmente ‘cuenco’) es un plato típico de Japón. Consiste en un cuenco que contiene pescado, carne, verduras, u otros ingredientes cocinados juntos y servidos sobre arroz. El donburi se puede hacer con casi cualquier ingrediente, incluyendo sobras. Los restaurantes chinos baratos en Japón a menudo sirven chukadon o gomoku-chukadon, varios vegetales fritos en la sartén con algo de carne sobre arroz en un plato hondo grande. A pesar de no ser tradicional de la cocina japonesa ni de la china, este platillo híbrido indica la popularidad del donburi en Japón.
Para 2 personas
1 cucharada de aceite de oliva
2 calabacines medianos, pelados y en dados
1 hoja de alga nori
1 diente de ajo picado fino
4 cucharadas de tomate triturado
2 cucharadas de sake
2 cucharaditas de salsa de soja
1 cucharada de pasta miso
200 g de arroz cocido caliente
unas ramitas de perejil picado muy fino
Preparación
Verter el aceite en una sartén a fuego medio y saltear los calabacines 1 minuto.
Añadir el nori picado y el ajo, removiendo la sartén a menudo.
Bajar el fuego un poco y sazone con el zumo de tomate, el sake y la salsa de soja.
Llevar a ebullición, apague el fuego y mezclar
con la pasta miso.
Repartir el arroz en dos cuencos calientes, cubrir con la mezcla de calabacín, adornar con el perejil picado y atrévete a comerlo con palillos.
No es la primera vez que hago un bizcocho, en el blog tenéis bastantes recetas y la gran mayoría sin necesidad de horno, suelo hacerlos en el microondas o en sartén ¿por qué? Pues porque es rápido, sencillo y más económico. La receta que os presento hoy es la típica del bizcocho de yogur o bizcocho 1, 2, 3, tiene varios nombres, y todos ellos son la misma receta, ésa que coges un yogur y con el vaso de yogur vas midiendo todos los ingredientes.
La verdad es que cuando oigo que hay que comer legumbres de dos a tres veces por semana, me sorprende que la gente sólo sepa preparar unas lentejas con bien de carne, o un cocido con garbanzos y como mucho unas alubias también con carne. Es verdad que antes de llevar una alimentación basada en plantas yo no sabía muchas recetas de legumbres, así que lo típico era comer las lentejas siempre iguales. Al empezar a cocinar, mi madre me enseñó una de las recetas más sencillas de lentejas y a su vez riquísimas, poco a poco aprendí a cocinar las legumbres de varias formas distintas tanto en platos de caliente, como platos frescos para el invierno. Podéis ver todas las recetas aquí. De la que quiero hablar hoy es de los garbanzos con curry. A mí me gusta el curry, pero me gusta hecho por mí ¿por qué? Pues porque puedo controlar las especias, y qué verduras poner. No ha sido un plato que me haya costado coger el truquillo. ¿Sabéis que es un plato rápido y que aguanta bien en la nevera un par de días?
Pelar y cortar en trozos pequeños la cebolla y la zanahoria.
Poner a calentar el aceite en una sarten. Echar la cebolla y el ajo con un poco de sal. Ir moviendo a fuego lento hasta que se poche, añadir la zanahoria y los garbanzos.
Echar más o menos un vaso de agua o de caldo de verduras junto con el curry, la pimienta, el comino y la cantidad de pimentón picante que os pida el cuerpo.
Dejar hervir al rededor de diez minutos.
En el vaso de leche introducir la harina y echar esta mezcla en los garbanzos, remover y dejar hervir unos 5 minutos, notaremos que la salsa espesa.
En un cazo aparte echar dos vasos de agua, cuando hierva echar un poco de sal y el arroz. Bajar el fuego, dejar cocer unos 15 a 20 minutos, depende del fabricante.
Servir los garbanzos con el arroz y perejil picado.
Si os gusta la levadura de cerveza este queso os va encantar porque tiene muchísimo sabor a este ingrediente. La primera vez que lo probé fue porque mi madre lo tomaba en forma de pastillas que había que dejar disolver en la boca. Me hacía gracia ese 'caramelo' salado y amargo. Durante una época me empapé de cocina vegana, y leí muchísimos libros de dietética y nutrición basada en los animales vegetales, ahí fue cuando descubrí que la levadura de cerveza se utilizaba como sustituto del queso. También leí muchísimas propiedades que tiene para el pelo y las uñas (durante un tiempo me quedé con poca mata de pelo y tuve las uñas quebradizas por no llevar una buena nutrición), así que lo añadí a las ensaladas, a las cremas de verduras, a las pastas... Y después empecé a ver recetas de 'quesos' veganos. He hecho unas cuantas recetas que iré compartiendo con vosotros.
La textura de este queso es tipo crema, si lo queréis más consistente añadir más maicena.
Ingredientes:
1 taza de agua
1/4 taza de levadura de cerveza
3 Cucharadas soperas de harina de maíz
1 Cucharadita de zumo de limón
1 diente de ajo o 1 cd de ajo en polvo
1 pizca de sal
1 Cucharada de aceite de oliva
Procedimiento:
Poner todos los ingredientes en el vaso de la batidora, triturar hasta que estén bien disueltos.
Calentar en una olla y remover hasta que empiece a hervir.
Poner en un recipiente y dejar enfriar.
Guardar en nevera, conforme pasan los días el sabor es más fuerte.
Aquí os dejo un video de un sandwich que me hice con este queso:
El trifle es un postre inglés que se hace para aprovechar esa bollería que se está quedando dura como puede ser un bizcocho, unas magdalenas o inclusive unas galletas. Acompañado de unas frutas y una crema inglesa.
Primero se pone la capa de bizcocho, se aromatiza con algún licor o zumo (en la versión sin) para que empape el bizcocho duro y así se reblandezca.
La segunda capa suele ser unas natillas o crema inglesa y la última capa unas frutas.
Por las recetas que he visto, as frutas más utilizadas con las pequeñas del bosque como son las frambuesas, arándanos, etcétera.
Y la última capa (por si aún falta azúcar) se suele poner nata y más frutas.
La verdad, es un postre muy bonito por todas las capas y la mezcla de sabores.
Y he querido hacer una versión más ligera y a mi manera.
Seguramente, poco tiene que ver con la original, pero es la que en casa más nos ha gustado.
Ingredientes (para 2):
2 Yogures de soja (en la foto se ve uno natural y el otro de frutos del bosque)
6 Fresas
1 Cucharada de melaza o azúcar
4 Cucharadas de copos de avena
3 Nueces
Preparación:
Cortar lo más pequeño posible las fresas y echar la cucharada de melaza, dejar macerar un par de horas.
En una sartén caliente echar los copos de avena y remover hasta que quede tostada.
Abrir y cortar en trocitos las nueces.
El montaje es sencillo: abajo del todo las fresas, después el yogur y por último la avena y las nueces.
A disfrutar para desayunar o como postre o a la hora que se desee ;)
Notas:
El montaje lo he hecho así porque si pongo primero la avena y las nueces se reblandecen, lo interesante es que le den un troque crujiente al postre.
Se puede poner el yogur que más os guste o inclusive unas natillas veganas.
Si no os gusta la fresa se cambia por la fruta que más os guste.
A veces parece que está de moda eso de decir que San Valentín es una fiesta para que los grandes almacenes se enriquezcan más, como si fuera una celebración inventada. Pero seamos sinceros, por favor, y digamos lo que realmente pensamos y sentimos. A todos (yo la primera) nos gusta recibir regalos, ya sean físicos o emotivos. Está tan bien recibir ése móvil, suéter, etc. que tanto deseabas de manos de tu pareja, tanto como recibir un detalle. Y de ése tipo de regalos quería hablaros. El día de San Valentín es sólo para los enamorados, para los que tienen pareja. Para estar acaramelados todo el día, para despertar juntos y no tener prisa de nada (sobre todo hoy que ha caído en domingo), desayunar tranquilamente, practicar los hobbies que más os gustan, deciros tonterías. ¿Y qué hacemos los solteros/as? Pues soñar que somos el/la protagonista de una película de amor en la que ése persona que está destinada para nosotros/as viene de repente y vuelve nuestro mundo del revés, nos hace que nos tiemblen las piernas, se acelere el corazón. Y así, de un día para el otro lo que era oscuro vuelve a tener luz, que nos sentimos queridos, que tenemos una compañía que tanto habíamos deseado. Sí chicas, en el fondo todas deseamos ése príncipe azul. Admitidlo, os ponéis delante de ésa película romanticona con kilos de chocolate o palomitas deseando que fuera cierto. Y lloráis, vaya que sí, lloráis cuando todo sale bonito, cuando se dan ese beso con la banda sonora tan suave, no me digáis que no, que cada vez que ponen Pretty Woman o Dirty Dancing las audiencias suben. ¡Ah! Chicos ¡SÍ! Hoy podéis ser ñoños no os ven vuestros colegas, podéis decir lo que realmente sentís o simplemente mirar a los ojos a tu pareja con cara de embelesado. ¿Por qué no? ¿Por qué tanto decir 'yo no celebro San Valentín' hay muchos otros días? Pues sí, claro que hay días al año para decir que le quieres, pero también se agradece en este día tan especial. No hace falta una caja de bombones, ni un regalo súper caro, ni miles de corazones rojos por todas partes. Sólo una mirada, un regalo simbólico es perfecto para hoy. ¿Por qué no regalaros un momento? ¿Qué tal un dulce en pareja? Os propongo unas tortitas de vainilla con tan sólo 4 ingredientes. ¿Qué cómo se hacen? Seguid leyendo. Ingredientes para 6 u 8 tortitas pequeñas:
1 taza de copos de avena
1 y 1/2 tazas de agua
1 Cucharada semillas de chía (o lino)
1 cuchara de postre de vainilla
Edulcorante al gusto
Preparación:
Poner todos los ingredientes juntos en el vaso de la batidora.
Batir un minuto ( o menos dependiendo de lo gruesos que queráis que queden los copos)
Calentar una sartén con una gota de aceite.
Echar un cucharon de la masa a fuego medio.
Cuando empiece la masa de la tortita a salir pequeñas burbujas
Ya sabéis que me encanta el mijo, lo cocino muchísimo desde que me enteré que tenía muchísimo hierro, y ahora mismo es un cereal indispensable en mi cocina. Se hace más rápido que el arroz, y muy digestivo, ojo también uso mucho el arroz y la avena, y otros cereales de los que ya os iré hablando.
Y bueno como suelo tener problemas con el hierro, y además me encanta, pues lo hago a menudo. Ahora mismo empieza a refrescar, en nuestra casa deja de haber platos combinados hechos a la plancha y pasamos a platos de cuchara. Nos gusta preparar un plato contundente, en vez de dos, éso sí con una ensaladita en el medio para compartir.
¿Vamos a ver la receta?
Ingredientes para 2:
2 Calabacines
1 Cebolla
1 Cucharada sopera de aceite de oliva
50 gramos de mijo
30 gramos de almendras o un chorro de nata de almendras (u otra vegetal).
1 trozo de alga Kombu
1 hoja de laurel.
sal al gusto.
Preparación:
En una cazuela de fondo grueso, ponemos el aceite a calentar.
Cortamos la cebolla a medias lunas y las echamos para pocharlas poco a poco. A mí me gusta hacerlo con una pizca de sal (para que suelten su jugo), y la olla tapada, así a fuego lento se van dorando. Tan sólo hay que abrir la tapa y remover cada tanto. Para mí es importante que se poche y se dore pues es el fondo del caldo.
Lavar, pelar y cortar los calabacines, añadirlos a la cazuela para que se vayan cociendo.
Echar el alga kombu (nos ayuda a mineralizar el plato), la hoja de laurel (cortada para que le de más sabor).
Lavar el mijo, incorporar a la olla con una taza y media de agua. Dejar hervir unos 15 minutos.
En el último momento añadir el chorro de nata o un puñado de almendras (como es mi caso).
Triturar y servir bien calentito.
Ahora todos a ver el vídeo para salivar un poco ;)
Los que me seguís sabéis que no soy mucho de añadir salsas a las comidas, me gustan los sabores sencillos. Una vez leí que lo que mejor le sienta al estómago son las "mono comidas" (o algo así se llamaba), no no se trata de un chimpancé comiendo, sino de que tu comida se base en un sólo alimento, pues así la digestión es más sencilla. No hacemos que el estómago esté intentando digerir varios alimentos y especias. el efecto secundario de esta comida es sentirte ligero y con energía.
En la mayoría de recetas de salsas se incluyen especias que gustan a nuestro paladar, pero no tanto al sistema digestivo. A ver, no me malentendáis, claro que me gustan las especias, me encanta la canela, el pimentón ahumado, la pimienta, el eneldo, el orégano, la albahaca... todas ellas, pero no siempre puedo tomarlas así que una vez a las mil me preparo una salsa para acompañar mis escalopines de lentejas o mis falafel ligeros, y quizá esta salsita sobre las albóndigas de mijo también estén buenas.
Ingredientes:
1 cebolla
3 de zanahorias
1 cucharada de aceite
1/4 cucharadita de curry en polvo
pizca de sal
pizca de pimienta molida
Preparación:
Picar la cebolla, echar en una olla caliente con el aceite.
Pochar a fuego medio durante 5 minutos hasta que empiece a dorar.
Añadir las zanahorias peladas y cortadas a trozos.
Echar agua sin cubrir las verduras, la pizca de sal y las especias.
Dejar hervir unos 15 minutos.
Retirar el caldo y reservarlo.
Triturar las verdura e ir añadiendo el caldo poco a poco hasta conseguir la textura deseada.
Servir bien calentito sobre nuestro plato elegido.
Hace mucho tiempo que tenía en mente hacer este bizcocho, esa duda de cómo sabrá el chocolate negro con una cerveza también negra rondaba por mi cabeza cada dos por tres. He visto por las redes decenas de este bizcocho mezclado con diversos rellenos, por supuesto las cremas de color blanco son las más vistosas por el contraste de colores. Al primero que vi esta extraña combinación fue al Chef Jose Andrés, el cual realizaba un programa en el canal TVE de cocina diaria. Un programa que disfrutaba en familia, nos gustaba verle con su bandolera (casi zurrón), pasear por los mercados madrileños, en busca de ese ingrediente necesario para el menú que preparaba para el invitado especial. Después cocinaba los platos más tradicionales dándoles su toque con las especias que guardaba en una estantería llena de grandes frascos, o se acercaba a su mini invernadero a cortar las plantas aromáticas. También tenía un pequeño espacio donde contaba las propiedades y curiosidades de diversos ingredientes, como la patata, el pescado, las diferentes harinas y un largo etcétera. Y entre fogones y secciones aparecía el vecino gorrón o el invitado especial. Pues bien, un día (creo que cercano a la navidad) de invitas estaban sus hijas, con quienes preparó un Brownie (sí, ése bizcocho americano que ahora vemos hasta la saciedad en todas partes), el cual su increíble textura atravesaba la pequeña pantalla, y a él fue al que vi acompañar ese brownie de chocolate y nueces de una cerveza (no, a las niñas no les dio cerveza, 'malpensaos').
Volviendo a la receta, contaros que este bizcocho lo preparé para un buen amigo, el cual cumple años en la noche de Halloween (de ahí mi decoración oscura y con calabaza), ¿es malo cumplir años ese día? No, lo bueno es que al día siguiente es fiesta, lo malo es que si quieres salir a celebrarlo hay que pedir mesa con mes de antelación por lo menos (no soy "exagerá ni ná" que va, xD ). Total, que como ya va siendo tradición, aquí la peque aparece en todos los cumpleaños con una tarta personalizada. Y como no soy nada golosa, pues quise hacer la tarta veganizada (casi os creéis que no soy golosa eeehhh)
Ingredientes (más o menos 10 raciones):
2 y 1/4 de taza de harina
1/2 taza de cacao en polvo amargo (o cacao soluble)
1 y 1/4 de taza de azúcar (da igual si es blanca o integral)
1/2 cucharadita de levadura
1/2 cucharadita de sal
1 Cucharada de café soluble
2 cucharaditas de esencia de vainilla líquida
75 gramos de chocolate negro picado (o en gotas)
1 taza de aceite de oliva (quise darle mi toque español, la receta original es con aceite neutro tipo girasol, pero os aconsejo probar con aceite de oliva)
1 taza de cerveza Guinness (u otra cerveza tostada, negra. )
Preparación:
Poner en un bol todos los ingredientes secos: harina, cacao, azúcar, levadura, sal, café y el chocolate.
Remover con una espátula hasta conseguir mezclar todos los ingredientes.
Añadir la cerveza y el aceite, remover con unas varillas enérgicamente hasta que se haya mezclado y no queden grumos.
Poner aceite en un recipiente apto para el microondas y untar todas las paredes, añadir un poco de harina y enharinar todo el molde.
Echar la masa en el recipiente.
Introducir en el microondas a máxima potencia y 'hornear' durante 8 minutos. No abrir la puerta, dejar reposar unos 5 minutos.
Decorar con azúcar glass, nata (como le gusta al cumpleañero), o con calabaza asada.
Mi recomendación es servirla templada pues los trozos de chocolate estarán derretidos.
El otro día una compañera de trabajo, madre recién estrenada, me preguntó cómo hacer papillas para bebés de cereales. Su pregunta me sorprendió, estamos tan acostumbrados a las papillas de polvos. Y claro, ella no quería darle preparados a su bebé. Pensé que sería una receta super sencilla. Cosas de la vida, ahora la que tiene que comer papillas durante unos días soy yo. Para desayunar me gusta prepararme gachas de avena o de arroz integral, me llenan de energía y son bastante más sanas que los cereales para desayuno que venden llenos de harinas, azúcares e inclusive colorantes y conservantes, añadidos que nuestro cuerpo no necesita. Ahora esta receta se ha convertido en un básico en mi nevera, a veces la utilizo para acompañar mis platos de legumbres, para mis desayunos..
Para preparar esta deliciosa crema tan sólo se necesita:
1 litro de agua mineral
1 taza de arroz integral bio
Preparación:
Poner a hervir el agua, echar el arroz.
Una vez vuelva a hervir, tapar, bajar el fuego al mínimo y cocer 45 minutos. (si tenéis olla a presión mejor).
Pasar el arroz por un pasapurés o batidora.
Si lo queréis cremoso añadir agua o leche de arroz.
El día 9 de Octubre celebramos en la Comunidad Valenciana San Dionís con el tradicional
La Mocadorà ( "pañuelada") consiste en que los hombres regalen a las mujeres un pañuelo (mocador en valenciano) en el que hay envueltos dulces hechos con mazapán de distintas formas y colores que representan frutas y hortalizas de la Huerta de Valencia.
La conmemoración de la entrada de Jaime I el Conquistador en la ciudad, comenzó probablemente con el primer centenario (1338) de la entrada a la ciudad, y, poco a poco, se fue convirtiendo en una fiesta anual. La víspera de la fiesta y durante todo el día de San Dionisio se lanzaban cohetes (según las crónicas, hubo un año en el que se llegaron a lanzar 13.000 cohetes desde la terraza del Palacio de la Generalidad). Era una fiesta muy ruidosa y fresca para las autoridades de la época que veían con recelo como los placeres carnales también se hacían patentes.
La tradición de la mocadorada se remonta al siglo XVIII, cuando tras la Guerra de Sucesión, los Decretos de Nueva Planta prohibieron la celebración de la entrada de Jaime I en Valencia. Como respuesta a la prohibición borbónica, el gremio de confiteros de la ciudad de Valencia decidió hacer dulces que según la creencia popular hacían referencia tanto a la fertilidad de la Huerta de Valencia, como a las hortalizas que los moros regalaron a la reina Doña Violante de Hungría (esposa de Jaime I).
Ya desde los comienzos, los dulces iban envueltos en un pañuelo (mocador en valenciano) y todo junto, dulces y pañuelo, constituía el regalo para la mujer amada. Poco a poco, el pañuelo dio nombre a la festividad.
Por esta tradición, muchos valencianos consideran el 9 de octubre como el día de los enamorados (su San Valentín particular). También es tradición que las mujeres conserven todos los pañuelos que su pareja les regala año tras año desde que comenzaran a salir (son una prueba de amor y como tal son conservados).
Este mazapán es llamado “cocido”, “fino” o “mazapán hecho con almíbar”. Se usa para elaborar los huesos de santo, para cubrir pasteles, tartas, o para hacer adornos. No lleva huevo. Ingredientes:
200 g de almendra molida
150 g de azúcar blanca
55 ml de agua
Preparación:
En un bol ponemos la almendra molida.
En un cazo ponemos el agua, y el azúcar.
Cocemos a fuego medio hasta que el azúcar se diluya y el almíbar se vuelva transparente.
Añadimos almíbar a la almendra y amasamos hasta obtener una pasta.
Lo hacemos una bola y la envolvemos en film transparente.
Guardamos en la nevera unas horas, hay quien recomienda un mínimo de 8 horas, yo lo tuve unas 3 horas en la parte más fría.
Antes de usar el mazapán lo sacamos de la nevera para que se ambiente (sin quitar el film transparente) lo amasamos un poco.
Separamos en varios trozos y añadimos a cada trozo colorante alimenticio.
Con cada uno de los colores hacemos las frutas que más os gusten.
Hace tiempo tuve una monitora de dietetica francesa la cual se asombraba de la gran cantidad de galletas que se comían en España, y de que somos muy dados a sustituir una comida por leche con galletas, craso error pues las galletas están llenos de refinados: azúcar, harina blanca, mantequilla, etc, etc. Y ahora me acuerdo de ella al comer galletas. Sí, no sé qué adicción tienen las galletas que nos encantan y estaríamos siempre alimentándonos de ellas. Os presento unas galletas "un poco" más sanas que las comerciales. Espero que os guste. Se hacen en un ratillo, y se devoran en menos tiempo.
Ingredientes
3 tazas de avena integral en copos (a mi me gustan los suaves, pero vale cualquiera)
1 y 1/4 taza de harina integral ( en mi caso de espelta)
1 y 1/4 taza de azúcar moreno o melaza
1/2 taza de nueces molidas
1 cucharada de maizena
3/4 cdta de levadura
3/4 cdta de bicarbonato de sodio
1/2 cdta de sal
1/2 cdta de canela molida
1/2 cdta de nuez moscada
1 cucharadita de vainilla líquida
1 taza de zanahoria rallada
1 taza de margarina derretida o aceite neutro de maíz o girasol
Preparación:
Echar un recipiente grandes todos los ingredientes secos, os los he puesto arriba en el orden para echar.
Después introducir los líquidos o ingredientes húmedos: vainilla, zanahoria y margarina derretida.
Mezclar todos los ingredientes con las manos, sí, venga, mancharos y disfrutar de mezclarlo todo.
Hacer una bola pequeña con la ayuda de una cucharada sopera, poner sobre papel de horno y aplastar un poco, no demasiado ya que crecen después en horno.
Una vez tengáis toda la masa en una bandeja, introducir esta en el horno previamente precalentado a 180º unos 15 minutos. Si no tenéis horno, también se pueden hacer en tandas de 5 en 5 unos 3 minutos a potencia máxima en el microondas.
Qué cosas tiene la vida, es verdad eso de que el tiempo pasa rápido. Fíjate, querido/a lector/a, que cuando me recomendaron no comer huevo por problemas hormonales, uno de los primeros pensamientos fue 'Bien, ya no tengo que obligarme a comerlo'. Sí, si comía huevo era porque había leído que era recomendable unos 2 huevos a las semana. Y ahí me veías comiendo tortillas y huevos duros que muchas veces ni me apetecían, lo mismo me pasaba con la carne. Lo más difícil para mí fue dejar los lácteos y las harinas, pero de eso ya hablaremos otro día. Hoy quiero deciros que es posible comer sin huevos, se pueden hacer 'Huevos revueltos' con tofu o se puede hacer una tortilla francesa como la que hoy os presento. El sabor aún lo tengo que mejorar pues me falta un ingrediente principal, un poco difícil de encontrar llamada 'sal kala namak' que le da el toque de azufre típico del huevo. Pero mientras lo encuentro, aquí os dejo mi versión de la tortilla francesa.
Ingredientes:
3 cucharadas de harina de garbanzos
2 cucharadas de almidón de maíz
¼ de cucharadita de sal
4 cucharadas de agua
1 cucharadita de vinagre de manzana
2 cucharaditas de aceite de oliva
Procedimiento:
Mezclar primero los ingredientes secos: harina, almidón y sal.
Añadir el agua y la vinagre (que le quitará el sabor a garbanzo), mezclar con un tenedor, a mi me gusta unir con una varillas y mover enérgicamente para añadir burbujas y que salga más esponjosa.
En una sarten caliente echar una cucharadita de aceite, pincelar con él toda la sarten.
Echar la mitad de la mezcla, dejar un par de minutos a fuego medio. Dar la vuelta para dorar por ambas caras.
Servir caliente en plato, en bocata... A mí como más me gusta es con montones de ketchup y mojar pan, por un momento vuelvo a mi infancia.
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